Incendios y temporales
Aluvión en Tocopilla: ¿Por qué Chile necesita construir pensando en los próximo eventos extremos?
Tocopilla enfrenta nuevamente una emergencia asociada a lluvias intensas, activación de quebradas y aluviones. La magnitud del evento ha provocado afectaciones en distintos sectores de la comuna y ha obligado a las autoridades a concentrar sus esfuerzos en proteger a la población y responder a los daños.
Pero cuando pase la emergencia aparecerá una segunda pregunta, menos urgente, aunque fundamental: ¿Cómo deben construirse las viviendas para que estén mejor preparadas para el próximo evento extremo?
La experiencia de Tocopilla demuestra que la discusión habitacional no puede limitarse a cuántas viviendas se construyen ni cuánto demora su entrega. También debe considerar dónde se construyen, qué riesgos deben enfrentar, cómo se diseñan, qué materiales se utilizan y cuánto tiempo pueden mantener sus condiciones de seguridad y habitabilidad.
Tocopilla ya conoce las consecuencias de los aluviones
La relación de Tocopilla con los aluviones no comenzó con la emergencia actual.
En 2015, un evento de lluvias provocó la activación de quebradas en la zona urbana, desplazamientos de tierra, desbordes y aluviones que afectaron viviendas y espacios públicos. Según el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, aquella emergencia dejó ocho personas fallecidas y dos desaparecidas.
La reconstrucción posterior no se limitó a reparar casas. El Plan de Recuperación de Tocopilla contempló nuevos estudios de riesgo, obras de control aluvional, conservación de vías y medidas de seguridad. También se consideró la relocalización de viviendas que se encontraban emplazadas en zonas no seguras.
Esto revela una primera lección:
Una vivienda resistente no puede evaluarse separada del lugar donde está construida.
Una casa puede tener buenos materiales y una estructura correctamente ejecutada, pero si se emplaza en un área expuesta a una amenaza que no fue considerada, su seguridad puede verse comprometida.
Construir en Chile ya no significa pensar solamente en terremotos
Durante décadas, la construcción en Chile ha tenido como una de sus principales preocupaciones la amenaza sísmica. Y debe seguir siendo así, pero el escenario habitacional es más complejo.
Las viviendas también deben responder a lluvias intensas, inundaciones, aluviones, incendios, vientos fuertes y temperaturas extremas, dependiendo de las características de cada territorio.
El problema es especialmente evidente en zonas donde determinados fenómenos son poco frecuentes.
Tocopilla pertenece a uno de los territorios más áridos del país. Sin embargo, que una ciudad reciba pocas precipitaciones habitualmente no significa que pueda prescindir de medidas de protección frente al agua.
Por el contrario, cuando ocurren precipitaciones extraordinarias, la activación de quebradas y el escurrimiento de grandes cantidades de agua y sedimentos pueden generar impactos importantes en zonas urbanas.
La Dirección Meteorológica de Chile registra la estación de Tocopilla entre sus puntos de observación meteorológica, permitiendo monitorear variables como precipitación, temperatura, humedad y viento.
La pregunta, entonces, cambia: No se trata solamente de construir para el clima habitual. También hay que construir considerando los eventos extremos.
Una vivienda resistente comienza antes de levantar sus muros
Cuando se habla de viviendas resistentes, muchas veces la conversación se concentra exclusivamente en los materiales, pero la seguridad de una vivienda comienza mucho antes.
El primer elemento es el emplazamiento.
Construir una vivienda en un territorio expuesto a inundaciones, remociones en masa o aluviones requiere conocer previamente esas amenazas y establecer las medidas de mitigación correspondientes.
Después viene el diseño. Una vivienda debe considerar las características del suelo, las condiciones climáticas, la geometría de la estructura y las amenazas propias del lugar donde será construida.
Finalmente aparece la ejecución: materiales adecuados, productos certificados, correcta instalación, detalles constructivos y una fiscalización capaz de detectar errores antes de que la vivienda sea entregada.
Una vivienda de calidad no depende de una sola decisión. Es el resultado de un sistema completo.
El agua también pone a prueba la calidad de una vivienda
Una de las principales enseñanzas que dejan las emergencias por lluvias es que la protección frente al agua no depende únicamente de que un muro sea resistente.
Una vivienda debe controlar cómo el agua entra, circula y sale de la estructura.
Eso implica considerar:
- drenajes y evacuación de aguas lluvia;
- pendientes adecuadas;
- impermeabilización;
- sellos y encuentros entre elementos constructivos;
- protección de instalaciones eléctricas y sanitarias;
- sobrecimientos cuando corresponda;
- protección de fundaciones;
- materiales adecuados para las condiciones ambientales; y
- mantención periódica.
Una vivienda puede tener muros resistentes y, al mismo tiempo, presentar problemas graves si el agua ingresa por una cubierta, una ventana, una unión mal ejecutada o un sistema de drenaje insuficiente.
Por eso, hablar de calidad de construcción significa mirar la vivienda como un conjunto.
¿Qué papel cumplen el ladrillo y el hormigón?
En esta discusión, materiales como el hormigón armado y la albañilería cerámica presentan características que pueden ser relevantes para construir viviendas permanentes.
La albañilería y el hormigón pueden aportar estabilidad, durabilidad, resistencia al fuego y masa térmica, siempre que formen parte de soluciones correctamente diseñadas y ejecutadas.
Pero es importante evitar una simplificación: ningún material hace resistente una vivienda por sí solo.
Un muro de ladrillo no puede compensar un emplazamiento inadecuado, una mala fundación, un diseño deficiente, materiales sin certificación o una ejecución incorrecta.
La calidad está en la combinación de materiales, diseño, construcción, fiscalización y mantención.
La resistencia al fuego también forma parte de la vivienda del futuro
Chile enfrenta temporadas de incendios cada vez más complejas en distintas zonas del país. Por eso, una vivienda preparada para el territorio también debe considerar su comportamiento frente al fuego.
El hormigón, los bloques de hormigón y la albañilería cerámica son materiales no combustibles.
Además, el listado oficial de comportamiento al fuego del Minvu contempla soluciones constructivas específicas de albañilería cerámica con clasificaciones de resistencia al fuego de hasta F-240, equivalentes a hasta cuatro horas bajo las condiciones del ensayo correspondiente.
La precisión es importante: F-240 no significa que cualquier muro de ladrillo tenga automáticamente cuatro horas de resistencia al fuego. La clasificación corresponde a una solución constructiva específica, con características determinadas de unidades, espesores, morteros, revestimientos y montaje.
La resistencia de una vivienda frente a un incendio también depende de techumbres, puertas, ventanas, sellos, instalaciones, separación entre edificaciones y condiciones del entorno.
Durabilidad: la emergencia no debería convertirse en un ciclo de reconstrucción
Una emergencia puede destruir o dañar una vivienda en cuestión de horas. Sin embargo, las consecuencias pueden extenderse durante años.
Cuando una casa resulta afectada, aparecen costos de reparación, reposición de materiales, alojamiento temporal, subsidios, reconstrucción y mantención posterior.
Por eso, la discusión sobre vivienda social de calidad también debe incorporar una pregunta económica: ¿Cuánto cuesta realmente una vivienda durante toda su vida útil?
El precio inicial de construcción es solamente una parte de la respuesta.
Una alternativa que requiere reparaciones frecuentes, reposición temprana de componentes o intervenciones importantes puede terminar generando un costo superior al esperado.
El análisis debe considerar el costo de ciclo de vida de la vivienda: construcción, mantención, reparaciones, reposiciones, consumo energético y eventuales costos derivados de daños.
En recursos públicos, esta mirada adquiere todavía mayor importancia. Cada peso destinado a una vivienda debería buscar una solución que pueda mantenerse segura y habitable durante décadas.
Reconstruir no debería significar volver a empezar
La experiencia de Tocopilla en 2015 deja otra enseñanza relevante. Después de un desastre, reconstruir no debería significar simplemente levantar nuevamente las viviendas que fueron destruidas. El proceso debe permitir reducir el riesgo futuro.
El propio proceso de recuperación desarrollado tras el aluvión de 2015 incorporó estudios de riesgo, obras de control aluvional y la relocalización de viviendas ubicadas en zonas consideradas no seguras.
La infraestructura también forma parte de esta estrategia. En Tocopilla existen obras de control aluvional destinadas a reducir el impacto de los flujos provenientes de quebradas, mientras que el sistema de planificación y prevención considera zonas de evacuación ante remociones en masa.
Pero las obras públicas y la planificación territorial deben complementarse con viviendas capaces de resistir y mantener sus condiciones de habitabilidad.
La velocidad es importante, pero no puede ser el único estándar
Chile necesita construir más viviendas.
El déficit habitacional exige acelerar la producción y entrega de soluciones. Pero la velocidad no debería transformarse en el principal indicador de éxito de una política habitacional.
Una vivienda entregada rápidamente que requiere reparaciones prematuras, presenta filtraciones o debe ser reconstruida después de un evento climático representa un problema para la familia y también para el Estado.
La experiencia reciente del propio Minvu con proyectos habitacionales afectados por lluvias ha mostrado la importancia de fiscalizar problemas como filtraciones, acumulación de aguas y fallas de postventa.
